y nos salieron alas

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A veces la guitarra no sonaba nada,

a veces era como el llanto de un paso de cebra

y entonces a los semáforos se le caían las hojas

y nos inundaba la melancolía del pavimento.

 

Otras veces,

las notas eran como el sol azul

como el silencio de los colores,

las sombras ya no eran sombras

sino espejos de agua.

 

Y entonces

nos salían alas.

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